Se rompió el horizonte en doscientos fragmentos,
se olvido nuestro nombre , nuestra historia.
Veinte mil doscientos trece años cantamos en silencio.
En un solo día no pudimos prender fuego, pasión en los
corazones y entender el susurro del espíritu.
Cuatrocientas quince lagrimas al minuto, por par de ojos,
multiplicado por la humanidad crearon un mar negro y vagabundo
en el que naufraga nuestra esencia por el infinito.
Mueren ahogados los sueños y las almas se deshidratan.
Y se oyen llantos como violines. Pero él no quiere escuchar, nunca se le dio eso.