Con su mirada fija en el horizonte, cuando el sol se marcha al atardecer
sentada en su silla mecedora, junto a su árbol de almendra
se encuentra la ancianita, con sus canas que son un florecer
y su piel llena de arrugas, suspirando por aquel momento que algún día le llegará.
Su mirada no es más que el reflejo de un niño en su quietud,
con su paciencia y tranquilidad despide toda una sabiduría,
la cual se siente y despliega en su exterior, dándonos esa virtud,
que desde lejos se ve que brilla.
Se nota el cansancio en sus hombros
mas su entre seño no refleja desesperación ni lamentos
la felicidad y tranquilidad se vislumbra en sus suspiros
y su sonrisa cabizbaja todavía nos ofrece muchos afectos.
Es admirable contemplar sus manos
llenas de la más grande ternura y cariño.
En los senderos de la vida quedaran marcados sus pasos
y en mi mente quedaran fijas sus miradas de antaño.
De La Letra Y El Pensamiento Unicos Del Autor®
Omar Ventura.-