Cabalgo desde hace años sobre un mar de angustia,
las miradas ahora dañan y me asustan, vida injusta
que me azota con esta robusta fusta que es el miedo,
por ello encierro en mi interior un corazón tan fiero.
El acero que me cubre está ya más que oxidado,
el veneno de mis venas fluye a pesar de estar sentenciado;
encadenado a mi destino,
sigo hacia delante desde que comencé el camino.