Diaz Valero Alejandro José

Un niño y un pececito (Cuento)

Braulio era un niño de tres años, era un niño muy aventajado que le gustaba aprender cada día, estaba orgulloso y satisfecho del caudal de conocimiento que había adquirido a tan temprana edad. Era capaz de identificar los números del 1 al 10 y de escribir las 5 vocales. El sabía que tenía más conocimientos que cualquier niño de su edad, y eso lo motivaba a seguir estudiando constantemente para seguir aprendiendo a ritmo acelerado. Todas las tardes, antes de la cena Braulio se sentaba en la mesa del comedor, a pintar dibujos y a hacer trazos de escritura con las letras que ya conocía, porque hace algunos meses había descubierto que mientras más trabajaba con las letras y los dibujos, más bonitas le quedaban.



Reflejitos, era un pequeño pez de colores que vivía en la pecera que adornaba sala de estar de la casa de Braulio. El vivía junto a otros cuatro pececitos sin nombre, dentro de la misma pecera, sólo que a él lo llamaban Reflejitos, nombre éste que le había puesto el pequeño Braulio, porque siempre estaba sólo y como se movía tan rápido hacía pequeños reflejos bajo la luz de la lámpara. Reflejitos estaba solo porque no había aprendido a hacer burbujas en el agua, como hacían sus compañeros, situación esta que lo molestaba y lo alejaba de sus compañeros; - “Que cosas tiene la vida, pensaba a veces Braulio, yo puedo hacer cosas, que otros niños todavía no saben hacer, y Reflejitos no puede hacer burbujas en el agua, cosa que todos los pececitos saben hacer”

Una de las tantas tardes, Braulio después de hacer sus letras y dibujos se acercó a la pecera y le dijo a Reflejitos: “Voy a enseñarte las vocales para que aprendas a leer, y así serás el único pez que sabe leer, no importa que no sepas hacer burbujas de agua, serás un pececito estudioso”


Así, todas las tardes Braulio convertía la pecera en pizarra y con una tiza de color escribía las vocales de forma invertida, para que reflejitos que estaba dentro de la pecera pudiera ver la letra escrita correctamente, y con mucha paciencia y dedicación comenzaba su tarea de profesor: “Esta es la a, le decía, ésta es la e...”. Pasaron muchas semanas repitiendo la misma escena de ésta es la a, ésta es la o, ésta es la i...”


Una tarde Braulio observó que Reflejitos se había unido al grupo de los otros cuatro peces y se divertía felizmente, sin atender las clases de su amigo, el pequeño Braulio llamó al pez y le dijo: ¿Qué pasa no quieres aprender las vocales?, si no atiendes, no aprenderás a leer” Entonces Reflejitos se acercó al vidrio de la pecera y le dijo: “Gracias Braulio por enseñarme las vocales, aunque debo decirte que la única letra que aprendí fue la letra o, la cual al hacerla de manera repetida se convierten en burbujitas de agua; ya ves que ahora soy un pez igual a todos, y eso, amigo te lo debo a ti” luego, movió sus aletas en ademán de despedida, dio media vuelta y se fue a seguir jugando con sus compañeros.


Braulio estaba confundido, pero al final comprendió, que si bien no pudo enseñar a leer a su amigo Reflejitos, al menos lo había enseñado a hacer burbujitas de agua, lo cual era suficiente para convertirlo en un pececito feliz, que aunque no pudo ser el único pez que sabía leer, era ahora un pez que al igual que todos los peces podía hacer sus propias burbujitas.

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