cortas las líneas
y las vacías entre espumosas grietas,
acaricias vetas,
y sin perderlas las impresionas de dureza,
y derrites sus ribetes,
que ahora son venas seccionadas
y corazones de laguna.
Sigues el equilibrio
y lo arrastras rumbo a las nacientes,
lo deshilvanas entre despeñaderos,
lo sumerges y lo cantas.
Solo un sorbo de nueva prontitud,
y el brillo de la reacción
impresionando el descomunal ojo de la penumbra...
HAN MADURADO LOS TERRONES,
LAS RAMAS CAIDAS,
LA LLUVIA NOCTURNA,
EL SOL,
EL SUSURRO DE LOS MONTES,
LA SIMPLE VERDAD...
puedes sacudir al agua,
y bañarte luego en ella,
enterrar tus vértices en la arena floja,
cantar sobre una piedra,
y levantar una brizna de paja
para comenzar el castillo.
Puedes suspender del cloro legiones de hormigas,
caminando,
y desprendiéndose,
en corazas protectoras de blanco aceitoso y fresco,
en carnes dulcificadas
desde un sustrato hidratado
por mares enconchados sombreado de nubes
y ennubecido de cardúmenes.
Me salpica el cielo
y continuo el vuelo en las estrellas
escogiendo sálpicos que pueden adornar mi sueño.