Las luces van bajando
y anticipan el encuentro,
de caer rendida en tus brazos
y entregarte mi vida con un beso.
Te vas acercando peligrosamente,
y mi corazón se va preparando,
para empezar el para siempre
en esta noche niña de verano.
Quiebras mi cuerpo en suspiros,
y el deseo enciende el momento
de sentir tus labios en los míos
con este dulce amor de fuego.
Seducción carmesí en mis ojos,
y en los tuyos la frágil ternura
en la que me atrapas, mi niño hermoso,
al fundir mi melodía con la tuya.
Podrás tentarme con el roce tibio
si besas mi piel tan encendida,
en nuestro cielo podrás ser mío
al amarnos en armonías prohibidas.
Y la luna en lo más alto,
se derrama sobre tu piel,
si en ella voy dibujando
caricias de sutil amanecer.
Niño, calma mi sed inquieta
con la serenata de tu deseo,
quítame el frío que hoy me hiela
y yo en tu corazón me quedo..
para siempre, te lo prometo.
Y el soñado castillo azul
de nuestros sueños cumplidos,
será el refugio de los dos,
y en invierno nuestro fiel abrigo.
Ay niño mío, te quiero más que nunca,
sé que tu amor podrá salvarme
de la noche desvelada y oscura
en la que me sumergo al esperarte...
y sin más, el tiempo se detiene,
si tu mirada tropieza con la mía,
me llenas de ti tan dulcemente
con la miel de sensuales fantasías.
Ay, niño noble, niño bonito,
haces de mí una auténtica soñadora,
que sólo quiere descubrir contigo
la sensibilidad en tu hermosura.
Sólo desnúdame el corazón
con tu forma de mirar,
tan pura, de suave color
del que ya se tiñe mi versar.
Quisiera ser sólo tu niña
y sanar con mis caricias,
con mis besos y sonrisas
el ardor de tus heridas.
Ceci Ailín