Ojos cansados de tanto mirar,
de recorrer la vida sin tregua,
de perderse en el tiempo sin miedo,
sin pensar en la sombra postrera.
No es pesimismo, solo verdad:
hay que seguir, hay que correr,
aunque el alma se quiebre en silencio,
aunque por dentro se empiece a caer.
Porque nadie es el protagonista,
solo viajeros en este sendero,
y mientras la luz aún persista,
compartamos lo poco que es nuestro.
Que el silencio aún deja latidos,
aún hay risas, aún hay sueños,
pero el último viaje es sigiloso…
y llega siempre sin previo aviso.