alexei

DEJAME DORMIDO.

Mientras transcurre el día, (con paso lento),
Monótono, y la brisa nos cubre de frescor,
Mi mente divaga, a la tierra nativa, (lejana);
Más por siempre, viva en el corazón mestizo,
Paisajes que me traen recuerdos, -nacidos-,
De mi estirpe orgullosa, de ser, ¡mi origen!;
Y me duermo despierto, con la imagen nítida,
De ese parque que a su entrada, -en medio-
De una pequeña explanada, dos leones,
De cantera gris, resguardan el paso del visitante,
Al centro, se halla un kiosco, de corte colonial,
Donde se escucha, la música de tambora,
Tocando música con historia, cantos alegres,
Ante los visitantes, nativos y de turista,
Los jardines, que se encuentran sumisos,-entre-
Dos círculos, uno exterior, delimitado por cercas,
De cantera rosa y gris, y el interior, que rodea,
Enmarca al pabellón, cuenta con esas bancas,
Coloniales, de historia grabada, por el sentar,
De eternos enamorados, al horizonte, el sol,
Se pierde entre la sierra, que protege, ¡cubre!
El valle del Anáhuac, imponente, con sus rayos,
Que como leguas de fuego, ilumina al cielo,
Que sucumbe su azulado tono, por los cobrizos,
Estertores del día, que deja al paso de la noche;
Mientras se entremezclan los aromas de las flores,
Rosas de castilla, violetas, y huele de noche,
Que invitan al suave romance, con el alma extrañada,
Al fondo se vislumbra la parroquia, de antigüedad colonial
Con su arquitectura neoclásica, y su nave de cañón corrido,
Al estilo Agustino, lugar de orgullo, donde en sus patios,
Se celebro la última batalla de independencia,
A su derecha se haya el antiguo palacio del municipio,
Con murales y tesoros, ¡de orgullo Tepaneca!,
Y mientras me envolvía la melancolía, (el alma);
Te soñaba, que por el sur como, ¡el canto del cenzontle!,
Pájaro de las mil voces, con sus trinos te guiaban,
Y el perfume, que tu piélago,-desprende- me llenaba;
Me hacía sentir, al suave aliento de la brisa, ¡tu cercanía!
¡Oh! Sueño, no dejes que despierte, déjame dormido,
Para que por siempre, te sienta, te tenga a mi lado prendido.