En la oficina del amor, hay una plaza vacante,
y según dice en el tablón, se solicita una dama;
no tiene que ser experta con mi experiencia nos basta,
llena la solicitud, que mi corazón te llama...
Tú sólo sigues los pasos que ya mi pasión reclama,
que nada difícil son, si sabes ser aplicada;
y menos sentir temor si logras ser aceptada,
luego que me lo demuestres, desnuda sobre la cama.
Comenzaré por darte un beso, para ver como reaccionas,
cuando sientas a mi lengua con la tuya entrelazada;
y que tus manos se suelten, buscando lo que tú ansiabas,
y no sabias que estaba, parado frente a tu casa.
¡Calla corazón! Que ella, llenará la aplicación,
yo lo escucho de una voz que sale de su balcón;
espera que se decida ir a tocar a tu puerta,
que allí estampará su firma, con las dos piernas abiertas.
Ahora bien, no desesperes, déjala tomar confianza,
para que en nada se asuste, si se siente avergonzada;
suele suceder que pase en los primeros momentos,
capaces de opacar espejos, con la pasión de los cuerpos.
A mí ya, me sucedió, en una plaza anterior,
quise jugar con ella, a la alumna y el maestro;
pero la plaza acepto, cumpliendo su cometido,
tremenda maestra es, y yo un alumno, que el curso he repetido.
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José Miguel (chemiguel) Pérez Amézquita