Un colgante en el cuello
que con un suave vaiven
como péndulo de reloj
roza de uno a otro lado
los montes de Betsabeth
Bendito el hombre escúlpido
que sin poderlo creer
va divisando las cumbres,
donde se posan dos nubes
con una flor en su piel,
ese botón rosado
a punto de florecer.
Siente la niña en su pecho
el calor del amanecer
y baja un río caliente
sonrozando ese cuerpo,
con las alegrías inmensas,
al hombre que está sonriendo