Isaac Amenemope

SABES CUANDO LLUEVE (Leyla Niebla)

 

Los sentimientos no son las sutiles cadenas que atan nuestros centros,
son eslabones rotos lanzados con fuerza al mar que tu corazón se agita.
Son lo millardos de horas desaparecidas
en la frontera de tu lúcida conformidad, en la ingravidez de tus adentros.
Son las puntas lluviosas
que tu precipitada pasión aguza.
Son el anhelo sustitutivo de tu llama,
los dedos convencidos que la afectación reclama.

Debo admitir esta distancia,
ver cuanta diferencia hace falta
para que este lugar cedido a tu nombre no me invada.

No confundas por favor la libertad
con el poder de perderte de vista.
Yo necesito caer en tu mirada,
decantar la atención que te presto de esos ojos claros.
Necesito desgajar de tus labios
un encarnado beso de ternura.

Necesito olerte,
darte por un momento la posibilidad
de que conquistes en realidad mis fabulosos sueños.

He de ser de nuevo posible,
en algunos ojos, en alguna boca,
en algunos pechos.

Soy mis manos cuando tiemblo ante la piel que nace,
el privilegio de ver como se erige cada poro,
como titilan en la oscuridad y se iluminan esos ojos.

Veo en la brillantez almendra del torbellino cristalino
el fondo de un canal cósmico,
los veo desde la superficie y creo que son mi auxilio.

Nada hay que no se escuche,
más tu amor, ¿no es todo el silencio del momento?,
allí, haciendo que mi corazón resbale
hacia ese sector desprotegido.
Como tallando un mundo en medio de la lluvia,
aquietando tus latidos en mitad de la caída,
escondiendo el rabo de la luz tras la pinta sensitiva.