bernardo cortes vicencio

CRÓNICAS DE UN INSOMNIO (A PAPANTLA)

En esas calles he vaciado mi camino

las nombro sin frases

donde copulan las luciérnagas.

 

A mármol seco se rompe el paraguas de la brisa

hecha de espuma

y diamantino alfiler.

 

Al taconeo nocturno del alba

de su viejo tejado

                                           barítono

muros encierran la historia

roen el portal del insomnio

                                     en vigilia.

 

En escalada romería

honra esparcido mural

       la calvicie del viento en su lánguida palidez

                     recoge viajes inválidos de la savia 

el enjambre brindis  del  salitre

lo viejo

y lo antiguo

el hormigón de la vitrina lo escondo en la camisa.

 

Y por encima del atrio

escucho estantíos

de su huesuda enramada

                                     en flecos.

 

Y los histéricos suspiros se enjaulan en la noche.

 

El mestizo campanario

vigía  sediento  reclama sus ecos

de entre  su pensativo ropaje de los  siglos

está el extraño jardín donde riman los aires  cálidos

                                                               de su espalda ojerosa.

 

Son aquellos cerros de estocada zarca de su espina dorsal

corazón de hiedra y embajadas de agua miel

de brebaje y de pócima

a gélido soplo he bebido.

 

El ángelus bastonea auras entonadas

capiteles albinos

y en cada hora el caracol  baja por los vientos hinchados

y se detiene en la casa de Lázara Meldiú

y ella escucha el hambre, la abstinencia  en sus calles amplias

y Donato Márquez sabe de la ubre contaminada que se quema en la obscuridad

y López Muñoz protesta una oración de entierro.

 

El pergamino relieve

se mece en raudal suspiro

trunca en vértice hoyanco

de sus arroyos.

 

Grazna un fétido oleaje

un lomo de pájaros comen sus vísceras

crónicas de apellidos testamentarios.

 

Se entrevista el tiempo

Se entrevista mi pasado.

 

Me asomo en sus faldas de palma

              húmedas de recuerdos

donde apago el candil.

 

Y un manojo de neón claro

tiembla en raudal líquido en llamarada

cuando  en la distancia se muele un vellón blanco del amanecer.

 

Escucho el ronroneo de la aurora: esquirla en la guedeja

mechón desde la oquedad abultada 

   collar de su anemia en diálisis

             lúgubre asfalto inframundo

                               en que  despierta mi ciudad.

 

                                                                                                                                                                         Bernardo Cortés Vicencio

                                                                                                                                             Papantla, Ver.