Sindel

Pecado

 

Nuestras manos danzan desaforadas

 

elevándose en un viaje hacia el cielo.

 

Buscando albas de cópulas doradas

 

y crepúsculos de jadeos eternos.

 


El silencio expectante nos abraza

 

convirtiendo en brújula  los cuerpos.

 

Se tornan místicas nuestras miradas

 

y destellan horizontes inciertos.

 


El deseo voraz corre los velos

 

descubriendo lo que nos fue vedado.

 

Lo prohibido se muere en el misterio

 

y renacemos a través del pecado.