Aquí, bajo mi árbol de pimiento
me he puesto a meditar en esta noche
y aspirando el aroma del canelo
elevo ya mis ojos hacia el cielo
y afloran mis más hondos sentimientos.
perciben mis sentidos los sonidos
de los grillos detrás de la enramada,
los mismos que en sinfónica orquestada
lastiman el espíritu del hombre
que se duele al compás de su tonada.
Fijando la mirada al infinito
e hipnotizando todo mi desvelo,
descubro muy lejana y refulgente
la estrella que tu amaste, incandescente
que por un tiempo iluminó mi cielo
Escucho la corriente de aquél río
que da a mi derredor enorme calma
y el vaivén de las ramas del pimiento:
hacen cómplice al viento, siento frío,
es un frío interior... el frío de mi alma.