LA SOLEDAD
La soledad nunca tiene prisa.
No le interesa el porvenir,
ni lo que es justo y es sano.
Cada segundo que pasa
has de tomarla de la mano
y ayudarla a transcurrir.
Es un esfuerzo sosegado,
hasta lavarse la cara
requiere ser dedicado.
Es lenta, pero nunca para.
La soledad y yo, serios,
jugamos con tu recuerdo.
Yo voy lanzándolo lejos
y ella lo trae como un perro.
La soledad tiene una boca
que susurra cuando no la miro.
No está ni cuerda ni loca,
sólo me acompaña y yo, respiro.