Antonio Fernández López

ENCUENTRO.-

 

 

Apuntaba primavera

Iban juntas las cinco de la tarde

Y la mitad de Europa trasluciendo

Miserables sonidos, que llegaban de lejos,

Desde el acordeón hasta mi expectativa.

 

            Esperaban mis ojos cercados por la duda

Abiertos tantas veces y vencidos por sistema

Pero nunca cerrados a la vida.

Fijos siempre en la luz de cada día

Y dispuestos otra vez a la sorpresa.

 

            Mi palabra no bajó del infinito

Seguramente el arma más brillante,

Compañera más fiel, siempre dispuesta

Para abrir los recodos de ignorados caminos

Sacando luces nuevas, alumbrando penumbras

Con su dardo certero e implacable.

 

            Hay sonidos que encienden una tarde,

Efluvios penetrantes que te buscan

Hasta encontrar con ansia tus raíces

Y hacer que se levante tu espíritu maltrecho

Como si tu alimento fuera el aire.

 

            Te encontré. Nos hablamos

Y partimos sin saber hacia dónde

¡con tanta desazón a las espaldas¡

¡con tanto fuego retenido tras los pliegues!.

Mirábamos sin ver, huíamos del silencio

Y alcanzamos nuestros cuerpos

Como si de un destino se tratara:

Un hogar, una patria, un continente

En el que hemos vivido desde entonces.