Atormentada la paloma amante,
sufre la muerte de su ser querido,
aturdida, llorando, sin sentido
en el cielo serrano, vuela errante.
Herida por recuerdos, indecisa,
sobre el campo navega por los aires
sintiendo de las flores los desaires,
de la tierra, las aguas y la brisa.
Hirviente el corazón sobresaltado
por más que busca no encuentra al amado;
las lágrimas que día y noche vierte,
se torna en manantial, en río y fuente.
Y vivo, vivo así desde el instante,
que te fuiste por siempre, dueño mío.
Duele. Gimo, deliro, me extravío,
no hay paz para mi corazón doliente.
Lloro y el torrente de mis lágrimas
no calma mi dolor, y mi tristeza
rompió mi corazón, y mi cabeza
no comprende, delira, se extravía.
Me recuerdan a ti, amado mío
triste canto, mustia flor, muerto fruto,
voy a llorar pagando mi tributo
de amargura, desolación y hastío.
Recuerdo nuestras dichas y pesares.
y te sueño ajeno, en otro lecho,
sumisa, recostada, y en mi pecho
brotan furiosas llamas de mis iras.
Siempre te sueño a mi lado presente
bebiendo de la lluvia de mi llanto,
en silencio, no quiero que se intente
de ese momento romper el encanto.
Qué te hice yo, que ni mi pasión loca,
ni mis caricias de animal en celo,
pueden derretir de tu cuerpo el hielo
ni hallar respuesta de tu roja boca.
Soy la mujer que ama eternamente,
y las bestias, los pájaros, las flores
y el universo entiendan mis dolores.
Ayúdenme a llorar, toda la gente.
Todos los días a tu tumba llego,
llevo mi sombra para estar contigo,
aunque se vuelva contra mí enemigo,
el sol, la tierra, viento, agua y fuego
Ahora el tiempo no puedo ya volver,
el destino mis alas ha quebrado,
sola estoy, la esperanza ha terminado
para siempre tendré que padecer.
Convicto está mi pobre corazón
a sufrir con el canto de la quena
que interpreta con música mi pena
haciendo de mi amor triste canción.