Murialdo Chicaiza

ODA AL MAR

Graderías de espuma, escalinata de gaviotas

donde yacen pálidas plumas del silencio.

Éxtasis sonámbulo de la muerte blanca,

olas de corolas y tibios esqueletos acuosos.

 

Tú que levantas brazos de nubes al cielo

para quebrantar el certero dintel de la agonía.

Tú, conciencia y espíritu de las selvas,

la piel alba de mil besos jadeantes te besan.

¡Oh, tu seno de primavera milenaria inundada!

¡Oh, asexuado escultor de álamos pétreos!

¡Oh, ciego formador de centinelas propios!

 

Por ti las plumas han amasado el papel de seda

y al gusano inteligente, arquitecto tímido.

Bañera de los astros que quieren rejuvenecer.

Tu sueño me lacera y me arranca de la noche.

Por ti existe un cementerio oculto que siempre será azul

y los caminos hechos por mínimos instintos.

¿Quién te dio esa malta tan pura entre las esponjas?

¿Y esa bodega de lágrimas que no puedes sostener?

Tú, que ahora floreces en girasoles sintéticos

del color de los truenos redondos, veo

en tu seno y en tu muerte, tus constantes manos

de hidroalfarero, huyes del polvo por no ser enterrado.

 

¡Ah, si tuvieras las alas metafóricas del cisne!

¡Ah, mar de la transida luz y de los pelícanos

con hambre de océano!

El Sol labriego te roba las algas de tu alma

y te deja en la sequía insípida y precoz.

La Luna te vela en tus noches sepulcrales

y te canta la leyenda de la gaviota exaltada.

 

Para ti los rincones estelares parpadean de sueño

disimulando la mirada dogmática de Dios.

¡Para ti este vivir y desvivir del desnudo poeta!

Que te construye una barca de quimeras e incienso,

que se te une con un abrazo de abdomen.

Para ti existe ese tic-tac eterno de tu reloj de arena

y el espejo que deposita su génesis en el polvo.