He visto a tus ojos llorar,
he sentido a tu alma gritar,
he tomado tus manos suavemente
para calmar tu quebranto de muerte.
Junto a tí he estado,
paciente y observadora,
en espera del llamado
de tu corazón enamorado.
Una y otra vez, te ha lastimado el amor,
y tú siempre le has abierto las puertas,
de tu ingenuo y buen corazón.
Hoy el eco en mi grito,
reproduce el sonido en el viento,
que en silencio te dice,
que mi amor por ti es perpetuo.
¡Mírame! A tu lado estoy,
siempre he estado aquí,
y hoy mi alma, en plegaria incesante,
te abre la puerta, para que habites en ella.
Ven, no temas más,
refúgiate en mis brazos,
te daré ese calor
que tantas veces imploraste.
Mi alma sabía, que esta espera
daría el fruto anhelado,
solo era cuestión de tiempo,
para que tu alma herida,
se enamorara de el alma mía.