Muérete conmigo, te digo,
permanece el tiempo de la muerte junto a mí,
no te pido más, no te pido un anillo,
un testigo, qué más da.
Muérete conmigo,
cuando lo quiera el tiempo,
cuando lo quieras tú,
escríbeme un libro que te escribiré una vida.
Te quiero en una leve mirada,
en un suave toque de mis manos.
Te quiero en silencio, en la distancia
cada día, cada hora.
Muérete conmigo,
que me muero por ti,
por tu cuerpo, por tus labios.
Muérete conmigo te lo pido.
Que se envejezcan mis gestos,
que se acostumbren mis manías,
mis risas, mis llantos,
si, que se acostumbren a ti.
No te pido más,
muérete conmigo,
que soy un cadáver fétido
caminando por ciudades, esperándote,
buscándote, llamándote.
Soy un vagabundo que ansia las aguas de tus besos,
que deambula por tus restos.
Los restos tuyos me faltan,
los retos de tu cuerpo, de tu razón.
Muérete conmigo, es la séptima vez
que te lo pido, muérete conmigo la octava,
muérete conmigo la novena, muérete conmigo
para toda la vida, la décima.
(Muérete conmigo las veces que te lo diga
y aún así cuando no te lo pida)