Horas tras días,
cielos tras horas,
vigía de ese torrente
que es el después del amor,
de los besos que expiraron,
de los rumores que grabaron
la armonía de las palabras
jamás dichas, de los momentos
que dejaron ese rostro en el
alma mía, a la hora del amor.
Desde mis ventanas veo mis pensamientos,
la flor de mis colores,
mi débil voz por entre mis ventanas
abiertas de par en par,
lo superficial que he dejado llevar,
los afueras de mis adentros,
mi lento caminar mientras contemplo,
mis ojos asomados al interminable camino
que los versos me proponen.
Y a la hora del amor,
como si desde el fondo de la noche el temblor,
o el silencio que pasa sonámbulo entre quienes suspiran,
o los momentos de las rosas en que gritan
con desmesura,
que se las oye desde la luna,
que atropellan los comienzos de los recuerdos,
o a un corazón que algunas cosas no ha resuelto,
golpe a golpe,
cuerpo a cuerpo,
verso a verso,
horas tras días,
como un pulso que derrama en las tinieblas,
como una mirada de frente,
como dicen los poemas,
con ese ensancho de la piel cuando se siente en demasía,
cuando el amor es lo que es, atreverse a la vida,
con la velocidad del instinto,
con la mágica evidencia de lo real,
como cuando llueve y acaban todos los papeles raídos por el suelo,
un decir siempre incompleto, así el amor.
A la hora del amor,
cuando despiertas y permaneces tendida,
cuando amaneces linda pero no te levantas,
cuando te ves reflejada en su espalda y simplemente lo abrazas,
¡estaba justamente soñando contigo y desperté!,
¿no es el amor quien te vence?,
¿no son los espejos transparentes de lo que no dices?
No es mi voz quien impulsa,
no es mi boca quien te propone,
no es el amor que no conozcas,
no es lo que siento cuando digo que TE AMO,
es la hora del amor,
aquella paciencia que TÚ me inspiras,
ese rostro en el alma mía, a la hora del amor.
T de S
MRGC
Namaste