como el pájaro,
como el viento,
como la mariposa,
como el llanto de un niño.
Ahora,
ahora que mis manos
no tienen ataduras vergonzantes
ni hay sangrientos grillos
en mis talones de obrero,
ni mordaza en mi árida boca
hasta ayer nomás acallada.
Ahora puedo andar libremente
en los prados y mirar por las noches
los brillantes luceros.
Ahora puedo ir
hasta el río de mi infancia
a contarle mis cuitas
¡Tantos lustros ocultas!
El río me preguntará:
-¿Quién eres?
Y yo le contestaré:
-Tu hijo.
Yo le hablaré en extraña lengua.
Él me hablará con la simpleza del cristal.
¡Conversaremos tanto tiempo!
Tal vez mil días y una noche.
Y llegará el momento de volver a mi extraña covacha.
No tendrán lágrimas mis ojos
y el río con sencillez me mirará.
¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨
Ahora que soy libre,
que tengo libertad,
que no existen en mi vida ataduras
puedo ir sin inhibiciones hasta el mar,
y ascender tranquilo a las montañas
y sentarme en sus cimas a soñar;
y entonces desde mi insólita tribuna
podré con simpleza disertar
con los pájaros,
con las piedras,
con el viento,
con las nubes,
con la tarde,
con la mariposa,
con los grillos,
con los árboles,
con mi ego embriagado de libertad.
............
Ahora que soy libre
puedo en mi canto, sin temor,
llamarle pan al pan
y decirle vino al vino;
protestar con voz de trueno
la muerte del colibrí
y la del niño pobre
en el barrio marginal.
Ahora puedo escribir
sin censura,
sin límites odiosos
y sin la mirada siniestra
del pérfido secuaz.
Ahora mi pluma es libre
y libre mi pensamiento.
Mi cadena ancestral
lancé a distantes lugares,
a una selva profunda,
a lo más hondo de un océano.
Ahora puedo leer
sin vergüenza en el rostro
a los filósofos antiguos
y a los poetas malditos.
Ahora puedo proclamar
mi recóndita doctrina
en insólitos pueblos.
Pronunciaré breves discursos
signados de elocuencia,
optimismo y bondad.
Ahora que soy libre
tengo tiempo para llorar,
tengo tiempo para escuchar
el canto del ruiseñor
en mi dolida montaña,
en mis sueños de niño.
Ahora puedo dar
de beber al sediento,
de comer al hambriento,
alegría al niño triste,
consuelo al desesperado,
esperanza al perseguido,
sabiduría al ignorante
y techo al depauperado.