La tarde es la amiga del poeta,
A quien entrega su cuerpo desnudo
Por unos versos.
Y amándose el uno al otro
Se mienten como dos ingenuos,
Mirándose a sus ojos tristes,
Jurándose amor eterno.
Entregándose el uno con el otro,
Y el otro con el uno,
Como el día con la noche,
Y el mar con las arenas de la playa.
Se hacen uno solo
Y después se hacen nada,
Las horas malditas
Nunca fracasan.
La noche es la lluvia que germina la melancolía en su alma,
Mientras las lágrimas se dibujan en sus pupilas,
Esperando que nazcan las horas del dia de mañana,
Para volver a ver los ojos de atardeceres que tiene su amada.