HERRADURA

LOS OCTUBRES LLUEVEN.

Ya no hay nada, ahora ya no queda nada; los octubres llueven, en la tarde de tus ojos, para siempre; las hojas caen desde el ocaso al fondo de tu boca; la vida agita los violines, surgen cristales azules que se derraman en la tierra, las bocas se derriten y se precipitan en el aire y los poemas lloran heridos en el silencio. Esta es la tarde que se confunde en el crepúsculo, es la tarde del llanto, la de tus manos abandonadas que escriben, en el tiempo, versos imposibles; es tu tarde, la que te implora, porque sólo ella se perfila en tus ojos donde crece y muere, llorando, una rosa nacida para la melancolía.