Para Fernando (Después de un paseo por Mont Parnase).
Ciudad hermosa y siempre joven
y abierta eternamente
a todo pensamiento universal.
Estoy sintiendo tus gotas otoñales,
frío adelantado
de nieve que vendrá.
Esperada por tus niños ansiosos,
visitantes incrédulos
ancianos temorosos.
Y más allá...
frente a la Place Blanche,
pude ver otra vez
la adusta cara
de Henri Toulouse-Lautrec,
en su eterna mesa del Moulin Rouge.
Las “music-hallerías”
de Chevalieu o de Mistinguett,
ahora escritas
en las posaderas del can can.
Regresaré de nuevo,
estoy seguro.
En Mont Parnase,
recordaré a Cortázar, a Sartre.
Volveré a saludar a Vallejo,
y veré que aún le caen los pequeños cristales,
porque él morirá “en París, con aguacero”.
París, Otoño de 1996.