Las palabras son como mariposas,
vuelan frente a mí
me presumen su belleza,
lástima que tengo manos torpes
y cuando intento tocarlas
solo siento sus alas resquebrajarse entre mis dedos.
¿Ahora qué voy a palpar?
no podré heredar su cortesía
y me crearán un ocaso a pesar de mis soles,
me acusarán de querer provocar,
me colgarán envidias que no poseo,
llenarán mis cántaros de vino
porque los de siempre no saben que la magia también embriaga,
me acusarán de simple
más de lo que ya me acuso.
me condenarán por ser como un cielo estrellado de invierno: frío, sin nubes,
y de pronto demasiado oscuro, sin adornos
sin esa perfección que caracteriza a los demás cielos.
Me condenarán de mil maneras
sin entender jamás
que yo solo quiero tocar mariposas sin que se mueran.