(RESPETUOSAMENTE)
Mirarle, sólo mirarle.
Y perderme en la letanía profunda de sus ojos,
en ese mar apaciguado y murmurante
que brilla con rumor de luna.
Tocarle, tal vez sólo tocarle.
Y sentir su mansedumbre total, latente,
con aroma de colinas sedientas
y rítmicos clamores instalados en su pecho.
Abrazarle, quizás hasta abrazarle.
Y ser bebedor de la tibieza de su cuerpo,
aspirar el polen negro de su cabellera
y la perfumada esencia de la rosa.
Besarle, tal vez me atreva a besarle.
Llenar mis labios de carmín y de rocío,
con los sentidos casi obnubilados
y el deseo que avanza sin tropiezos.
Acariciarle, también sería oportuno.
Sentir un cierto vibrar de piel desnuda y tibia,
mientras mis manos temblorosas
surcan caminos de gloria y de tersura.
Volver con los besos a recorrer senderos
con ardores ciegos, tal vez también me atreva,
diseminando gemidos que invaden la alcoba, la noche
y las estrellas.
Fíjese que el mundo está sin gente, sin ruidos, ni existencias,
y ha llegado el momento, trémulo, tierno y fragoroso…
Permítame que una cadencia de calidez y ríos
le hagan sentir que aquí está la vida. Con su permiso.
Derechos reservados por Ruben Maldonado.
(Este poema lo publiqué el 29 de agosto de 2010- Imagen de la web)