Y el tiempo fue pasando y se fue hacíendo viejo,
regalando consejos, al ayer recurría,
a sus nietas amaba, por sus nietas vivía,
sólo pensando en ellas se miraba al espejo.
Y pasaban las horas y pasaban los días
y en esa expectativa fruncía el entrecejo
pues su semblante ya era nada mas que un reflejo
y de cerca miraba pues lejos no veía.
Se fué quedando solo, y a solas con sus versos,
sentado ante su mesa y en su mismo sillón,
y sus sueños impresos repletos de emoción
siempre al compás bailando de conflictos diversos.
Pero un día su buen dios lo quiso llevar lejos,
sólo y en silencio marchó aquella tarde fría
en que el cielo nubló y que aunque el no lo sabía
fieles le acompañaron los rastrojos añejos.
Dejen que le recuerde cuando joven y terso
el era, al universo y al mundo se comía.
Pues muy feliz el fue aquí en esta travesía
tal como lo conocí lo trasmito en mis versos.