Vivo cerca del mar. En una casa
nada espectacular, algo corriente.
Un colegio resopla, intermitente,
cuando salen los niños a jugar.
Como el agua la vida se trasvasa
cual si nada ocurriera en el lugar.
Los árboles vigilan a mi hogar
luciendo las naranjas con su guasa.
Cuando leal es la flor en primavera
de perfume me embriaga con su olor,
-níveas mariposas de color-
cual manto que engalana la pradera.
Por la tarde yo salgo a pasear
cuando el sol se relaja y ya no abrasa,
con la fuerza que tuve, ahora escasa,
las ganas de seguir y de luchar.
Es un bajo pequeño, sin balcones,
y en el lado exterior una terraza,
donde me siento a pensar. Una taza,
es la que ameniza, fiel, mis reuniones.
Cauto aún, me reconforto en esa brasa
esperando llegue un día ya a volar.
Entretanto, no paro de soñar
y creer que lo que ocurre es que no pasa.