Diego Rodriguez

Una tarde de abril

Bien recuerdo que absurdamente era un día de abril por la tarde, la tierra seguía su camino mientras los rayos del gran señor tornaban el camino de un don nadie a diferentes tonalidades por minuto, a lo lejos un narrador hacia de una hermosa tarde una hermosa historia, mientras con unos bolsillos rotos se bañaba en oro la vida de una afortunada persona, a la vuelta de la esquina se rompía un corazón y en una terminal de autobuses espera plantada con sus maletas una bella mujer, los columpios son usurpados por el viento y tus sueños por una almohada, el sereno ya no tarda y las pupilas se dilatan, los malos corazones despiertan y los buenos se enamoran tanto acontecía bien recuerdo por minuto ya lo dije en solo un día; en solo una tarde, una tarde de abril.