Jesus Alejandro Reina

Las lecturas por las tardes

Ayer pensaba en que volvieras a mi mente

como desde hace rato no lo hacías,

no como siempre, no como te imagino.

Es mejor que vuelvas por tu cuenta,

sin vueltas, sin suplicas, tan solo por la corajuda

verdad que no te deja respirar en un te extraño.

Y nada más.

 

Hoy espero que vuelvas a cantar en la sorpresa de tu llegada

mientras el silencio me traga en el silbido de las hojas.

Pero no llegas. Y las ruinas tétricas de las  bancas

se vuelven sombras, que hasta el frío compadece.

Pero no vengas tras la lástima que te invade,

ven sincera, sencilla, sin cumplir.

Pero no vengas, si el alma no te llama,

o si la casa es muda y monótona.

 

 No pasará nada, en las lecturas de las tardes

porque ya no hay nada más insípido que leer en las tardes

y no acompañarte, nada más insípido que seguir las hojas

arremolinarse por el camino.

No pasará nada, nada  más allá de la iglesia

donde celebran una boda.

Pero no vengas; a menos que quieras leer

          tras la incertidumbre de los invitados.