Ayer nomás dejé en el abandono,
en un comienzo totalmente incierto,
a este soneto, desvalido y yerto.
Hoy he vuelto sobre él, con otro tono,
encendido de sol y sin encono.
Fue anoche que soñé -tal vez despierto-
que su sonrisa era agua en mi desierto,
el sueño de mis sueños, que aprisiono.
Y si al alba es su aroma el que perdura
la mañana asoma en sinfonía
fundiendo el trinar con la poesía.
Con hebras de una brisa, azul, lozana,
inscribo en el cristal de la ventana
estos versos que ofrendo a su hermosura.
Derechos reservados por Ruben Maldonado.