Nunca he amado a nadie
como a los cordones de mis zapatos.
Parece extraño o extravagante:
Imagínese ir por ahí diciendo
que amo más que a nada
a los cordones de mis zapatos.
Otros aman personas de esas
que sirven para besar
y a quienes escriben poemas
de besos y abrazos y cuentos
para luego desamarlas
con reproches y lágrimas,
maltratando sus nombres
con frases iracundas.
Yo no tengo problemas
con los cordones de mis zapatos
rojos de doble lazo,
a quienes ato con extremado cariño
mientras los miro enamorado,
orgulloso de que gracias a ellos
mantenga los pies en la tierra.
Y pueden pensar lo que quieran:
si estoy loco o si soy un fetichista.
Pero recuerden que sobre el amor
no hay nada escrito
y que lo que piense la gente
a los cordones de mis zapatos y a mí
nada nos importa.