Hay un tipo de flores que son como el viento,
que son como el amor,
no lo puedes ver o atrapar,
pero sabes que existen,
el amor que le da sentido a todos esos sin sabores que tiene la existencia,
convirtiendo a simples mortales en grandes héroes y heroínas,
que a diario escriben con la tinta de sus existencias hermosas y numerosas páginas,
y el viento tan poético y tan brutal,
tan poético cuando hace bailar la hierba de los campos en armonía con las flores
en perfecta coreografía que solo la naturaleza puede dirigir,
tan poético como cuando se cola entre las grandes ramas de los árboles
produciendo singular sinfonía,
o cuando se convierte en suave brisa que refresca y acaricia el rostro,
tan brutal como cuando se convierte en furioso huracán,
y arrasa con el bosque con la cabaña
y cuanto se interponga en su camino,
dejando detrás de si una estela de destrucción y muerte.
Yo sé que existe esas flores,
son como el amor y el viento,
no los puedes ver ni tocar
pero sabes que existen.
Ese tipo de flores
son atesoradas en los corazones sabios, están hechas
de hermosos momentos y de momentos amargos, por lo tanto tienen
cofres no descubiertos y sedientos desiertos,
la sabiduría consiste en aprender del dolor,
para hacer más profundo al amor.