Nunca las nanas me durmieron tanto
ni siquiera las hadas de los mares,
pero tu airón de heráldicos palmares
pudo cegar mis ojos como un manto.
Escuché de tu voz heroico canto:
fue el amor con sus flechas a millares,
y hoy se tornan tus besos estelares
igual que el bumerán del desencanto.
¡Fauno mío, tu pie lo veo cojo
y un rastro que silencia a los pensiles.
Ay, tu camino vas dejando rojo!
¡No es sano continuar por tus carriles
si resbalo en el cieno del despojo,
y siento azares…del talón de Aquiles…!