Claudieta

LA ENCOMIENDA

Me encomiendo a una legión de cornetas

que toquen a silencio y a mundos vacíos;

en una explanada de aguaceros sombríos

uniformados de muerte y mucho miedo

por si el sol se precipita contra los suelos,

callando el argumento grave de sus himnos.

 

Las sombras de  benevolentes granaderos

me persigan  hasta los bordes del abismo;

con paso firme, aguerrido y decidido

me recuperen del quebranto de los huesos

de las trizas de la carne y  las entrañas,

al caer vencida en la sombra del olvido.