La Luna estaba asombrada,
de tanto regocijo
al ver en el firmamento
tantos destellos coloridos
Su corazón palpitaba
con el estruendoso cohete
Y sus ojos se cegaban
por tanto fulgor.
Ella se sentía turbada
porque cada día
les regala su resplandor
y no era adorada
con tanta devoción.
Al verla tan triste a un Lucero
su corazón se le conmovió
y al oído palabras de consuelo
le susurró:
Están de festejos
y esto es la traca final
mañana despertaran de sus sueños
Y con fervor te volverán a contemplar.
Autora: Luisa Lestón Celorio
Asturias- España