Creía que la conciencia le llegaba a la altura de la verdad,
flamante rostro en la crecida cálida noche;
desliz de dedos, buscando lo que entendía suyo,
tratando de no acariciar la idea,
sólo la bella cápsula tersa que encierra mucho de él,
sólo acariciarle, sentirlo, quemante como el sol;
sólo necesitaba un sorbo de la sal que se desprendía de él.
Pies descalzos, desnudos, parte de esa isla entre sábanas,
isla que muestra el tono que me ilumina y alumbra,
isla que confía en la brisa suave que le besa.
Me plazco en esos labios de néctar dulce
que aguardan muy de cuando en vez,
en sus ojos que mueven el latir de las rocas,
en su cuerpo hundido en las olas de blancas sábanas.
Mi mente lo medita, lo razona, lo deduce, lo imagina,
mi espíritu lo busca, lo abraza, encontrando la armoniosa fusión de espíritus ,
mi corazón lo abriga de cuidados,
le acaricia con cada latido.
Noctívagos pensamientos, llenos, inundados de su luz.