No sé por qué lo hice, o sí, pero en aquel momento
no pude escribir otro desenlace distinto a mi vida.
No pude soportar que Dolores, mi pasión entera,
decidiera dar la espalda a su corazón por cumplir
con lo esperado y debido.
Fueron meses de pasión escondida, aquella que
de verdad enciende el alma, que colmaba hasta
el tuétano mi vis romántica que a mis veintisiete
años brillaba en el último confín del universo,
sin descanso, deseándola, Mi Dolores prohibida
.
Fue una mañana de invierno, recuerdo, de febrero,
si no me traiciona la memoria, cuando acudiste a
mi casa para comunicarme mi sentencia de muerte.
¡Que lo nuestro no podía seguir!,
que debiste ceder al ego, al miedo.
No pude evitar, apenas traspuso la puerta, asirme
a mi cachorrillo para no ser tragado por el abismo.
Lo cargué con azufre y rojo de Lucifer para allanar
mi memoria, tan celebrada en la España liberal,
que defendí a capa y espada.
Mi mundo de mielina y materia gris se esparció por
la habitación ante la congoja de Adelita, que oyó
el disparo desde su habitación de juegos, ¡¡ella, que
solo con cinco añitos ha tenido que sufrir tal golpe!!,
¡¡¡¡ Lo siento hija mía, no pude evitarlo, espero que
algún día me perdones!!!!.