Zoraya M. Rodríguez

**~El Árbol que quería Volar (Cuento Corto)~**

En una montaña, lejos de la ciudad de Loituruyu, había un árbol seco que quería volar. Cada amanecer venían pajaritos a sacarle las ramas secas para anidar. Un día, el árbol, por curiosidad, le preguntó a un pajarito, ¿cómo es volar?, y el pajarito le dijo, “volar es ser libre, abrir alas y alzar el vuelo lejos del suelo, es ir más allá de la eternidad del infinito escondido entre los arbustos y sombras del sol, es querer tocar al cielo, con tal de sentir el frío condenso de las nubes entre el viento y la atmósfera…” Y el pajarito continuaba hablando con el árbol seco. Y entonces, el árbol, quería volar, como los pajaritos que acudían a el por las ramas secas. Y llegó un viento abrumador en el bosque Las Cerezas y se le cayó todas las ramas al árbol seco. Y la zona quedó huérfana de tanta destrucción por las ráfagas del viento. Entonces, al árbol no le visitó otro pajarito como aquél, porque yá no tenía ramas secas para dar. Entonces, el árbol quedó solo, abandonado y entre los escombros de aquel viento audaz que destrozó el bosque Las Cerezas. Y todavía, quería volar lejos de ese lugar dejando atrás su raíces fuertes como la tierra, sus ramas secas yá se partían, y dijo, no tengo alas para volar. Entonces habló con Dios, su creador, y el árbol de ramas secas le preguntó, ¿oye, Dios, creador de todo lo bello, porqué me hiciste ser dueño de unas raíces fuertes varadas en el suelo y no como un pajarito listo para echar el vuelo lejos de aquí y del suelo?. Entonces, Dios, no le contesto, y dijo, “ Dios no existe”. Cuando llegó un talador de madera y se llevó aquel único árbol que sobrevivió y que echó ramas verdes, fuertes y bonitas después del desastre de la madre naturaleza con el viento. Y a él lo dejó, con frío, inerte, sin ramas secas para dar, sin sombra, con el sol y sin alas para volar. Y vino a él, el pajarito aquél que le habló de la libertad, de las alas y de qué era poder volar. Entonces, el árbol quería volar y más y más era su deseo y no podía lograr hacer su sueño en realidad. Entonces, una voz baja en el oído le dijo, “Sí, Dios existe, árbol seco, te dió viento entre tus ramas para que volaras como el pajarito, pero tú en tu iniquidad no lo quisiste ver, te dió el viento entre tus ramas como a las alas del pajarito para que volaras lejos de aquí y sí, lo lograste y no te diste cuenta que tus ramas aún secas y echaste a volar”. Como el inmenso Ícaro, no tuvo alas de plumas para volar, pero, las tuvo de acero y trató en el intento de volar aunque a sus alas quebró.