No es fácil encontrarte. Te busco y apareces, espontáneamente. Luego te vas, bruscamente. A veces no te busco, ni te espero. Y te acercas de una manera sublime, inesperada.
Te disfruto, te siento hasta en el alma. Te vivo en la piel.
Y en esos momentos es cuando pienso, como niña, que nunca más te alejarás.
Estoy aprendiendo así, que la realidad varía. No es siempre igual. Varía. Varía y vuelve a variar...
Es ahí, nuevamente como niña, donde te añoro. Porque nuevamente te veo partir. Te siento lejos.
Y es ahí cuando siento la enorme necesidad de saberte a mi lado, y de encontrar a ese ser de luz que te conserve, que no te eche, ni te ahuyente.