mariano777

CALLVÚ-LEOVU

CALLVÚ-LEOVU

ARROYO DE MI PUEBLO

Entorna mis ojos el batir del pampero y me acompaña su soplo pleno.

Me place su viento cuando mece los trigales y acaricia suave a las totoras estivales.

El arroyo despreocupado corre armonioso y sin apuro por su cauce y yo hago lo mismo en mi marcha por la orilla, acompañando su andar con mi sombrero de paja y mi caña de pescar.

Patos, gaviotas y flamencos me miran amigables al pasar.

Entona mis oídos el chispeante murmullo de las aves del monte con su canción que susurra sin cesar.

Fluyen evocaciones antiguas a la imaginación viajera, y ve a los pampas zambullirse en el agua con su libertad entera.

Se funden los secretos de la erudición con el contemplar antiguo de la corriente que recuerda mil generaciones de hombres con sus fantasmas y sus duendes.

Es mi bienestar pleno adormecerme a la sombra de los sauces, alejado del mundo y tendido sobre jergón de trébol imaginando al espíritu pampa que flota sobre las ondas del arroyo acariciado por el aura pasajera.

Pero cuando la tempestad arrebata la quietud del entorno, el aguacero se precipita en el ambiente.

Y cuando los viejos dioses indios, por aburridos o por venganza desatan la lluvia interminable, la región toda se sumerge en la inundación  angustiante.

 Y al retornar ese ímpetu al reposo la correntada languidece y la serenidad vuelve con la quietud a la calma pampera.

Dulce era mi sonrisa cuando por las tardes me miraban las coquetas y yo veía a las más bonitas, que bailaban entre azucenas y violetas.

¿Recuerdas niña cuando retozábamos y reíamos juntos sobre las margaritas con el cielo por abrigo?

¿Piensas muchacha en los soles del estío de nuestra Pampa amada y en el correr serenísimo del arroyo, donde croaban las ranas?

¿Recuerdas a los zorzales y jilgueros que erizaban las plumas de sus cogotes cuando inundaban el aire de arpegios que encantaban?

Evoco mi dicha más sublime con tus cariños más ardientes entre flores y suspiros añorando mis horas más felices.

Tu piel, el paraíso, mi piel y los deslumbrados corazones.

¡Qué leve era la brisa! ¡El Sol que luminoso! ¡Derramaban más perfume las flores! ¿Te acuerdas de nuestras tardes encantadas?
No vuelven a ocurrir las cosas; se quedan con los sueños en el reino de la nostalgia y nuestro ensueño vive en los reflejos del agua con su misteriosa magia.

Languidece entre añoranzas y melancólica dulzura la felicidad de antaño a la vera del arroyo.

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