Pude tenerte a mi vera pero, frente a ti renuncié.
No hubo en mi orgullo o algo de ello, parecido.
Me he cuidado de no escamotear mis cometidos
y ya que el amor fue gran motivo, yo te defraudé.
Mi alma se llenó de ansias quería en mi poseerte.
Todo fue confusión en el arte de querer y me fui
para saber, cómo es la lejanía y, más no quise verte.
Pero, no se fue de mí la agonía porque contigo reñí.
El amar trae muchas sorpresas: es el arte del querer.
Hoy puedo decir, sin alardear, que tu amor me dolió.
Quise tenerte, por siempre y en tus labios vino beber,
pero, la vida, otro amor me reservó y mi sino se desvió
En mi triste corazón la rabia y la desdicha han florecido
No es sólo por soledad, es que de mí, hice tu fiel amante.
Y ya no podré ante ti y el mundo decir: no te he querido.
Por eso, me consume la cobardía y esta sorna engañante
Ahora, deseas volver a mí, con tu boca llena de renuncia.
Se te olvidaron los versos, esos conque escribías al amor.
Por eso, esta mujer no te espera y esta verdad pronuncia.
Y para que Usted, no se engañe, le digo: no lo amo, Señor!
¡Si el amor no te comprende y no lo comprendes a él,
es mejor una renuncia que seguir siendo tan cruel!
Raiza N. Jiménez/ 1/3/2017