Me dijeron escribe con palabras sublimes.
La poesía es el arte de transformar palabras.
Me dijeron que para ello utilice manuales y vocablos,
que siempre deben de rimar unos con otros.
No escribiré jamás.
Me dijeron hay cursos,
métrica y sintaxis.
Utilízalos todos y la poesía florecerá .
No escribiré me afirmo en ello.
Me niego a obedecer las normas del mundo que no escucha,
que no entiende,
que no quiere entender ,
que parece empeñarse en odiar la poesía.
Y es inevitable preguntarse,
si las sílabas,
los conjugados verbos,
los rebuscados adjetivos,
los puntos, las comas
y la coherencia del verso
no sean más que el terror infinito de aquellos eruditos y sabios imperfectos,
al poeta diverso,
al que plasma,
que grita su rabia contenida,
libre de diplomacia y de contexto.
No escribiré jamás esa poesía.
Me arrancaría la piel antes de hacerlo,
tendría que volver al punto de partida de mis andanzas taciturnas,
de mis poemas de amor cursis sin sentido,
aquellas letras estúpidas,
producto de una juventud carente de coraje.
Insisto.
Me dijeron:
escribe con palabras sublimes,
la poesía es el arte de transformar palabras.
Pero yo soy de mármol,
otras veces de espuma,
otras veces de llanto.
Romperé toda regla.
Lo he decidido.
Mi estilo será , caótica poesía,
con cadencia discreta de mujer afligida,
que al verse en el espejo,
escucha las voces de su alma.