Alberto Escobar

Envidia

 

 

Un marinero tiene una novia en cada
puerto, y con ello una suegra...

 

 

El colmo de la envidia es que quién envidies
te envidie a ti.

Es natural sentir desazón si alguien consigue
lo que has afanado durante años.
Es natural sentir ira por la injusticia 
distributiva de la que te sientes objeto.
Es natural sentir el deseo de descargar la ira
contra el agraciado con el logro, que te debía
pertenecer solo a ti.
No es natural pensar que a lo mejor no eres
merecedor de tus deseos, quizá no has hecho
lo necesario, has estado perdiendo el tiempo.

Juno es el dios de las dos caras.
Una cara mira hacia delante, la
otra hacia atrás.
Una cara es luminosa, la otra no.
La Luna tiene una cara luminosa
y la otra oscura, como nosotros.
Desear la luz del que te sonríe.
Sonrisa que esconde una pena.
Mi luz es también luminosa, mía.
Mi oscuridad es tan mía como la
luz que me hace deseable.

Conócete a ti mismo, tan solo.

Si abismo mis ojos por entre las 
rendijas del alma, veré paisajes 
insospechados por edénicos,
pequeñas cascadas que se
precipitan entre la foresta.

Si miro a otro lado, acaso me sobresalte
negros nubarrones que ciegan mi vista,
por ventura adocenada al alborozo.

Tanto las cascadas como los nubarrones
son hijos de mi casualidad, son muy míos.

Si amo la tempestad como los cantos de
los pájaros que estallan desde mis venas,
no habrá espacio a la avidez ajena.

¡Quiérete, no envidiarás!