Gerardo Barbera

OTOÑO

 

 

Al llegar el otoño,

todo es gris,

casi sin iluminación,

como si el universo se apagara.

Todo es compacto,

sin movimiento,

unidad total,

eternidad.

 

El ser es materia

que penetra la conciencia

hasta convertirla en piedra,

sin subjetividad,

ni ilusiones,

sin sueños,

ni poesías,

sin novelas,

princesas,

unicornios,

demonios,

vampiros,

viajes,

diversiones,

todo se extingue.

 

El viejo se hace fósil,

polvo cósmico,

sin valor,

un rastro que nunca existió.

El viejo es el hombre sin dioses,

el verdadero rostro

de una  humanidad

que anuncia  falsos

discursos religiosos y filosóficos

al gusto de los clientes.

Ahí,

moribundo,

sentado en ese banco frío,

húmedo…,

se apaga la filosofía antropológica.