Penetra en los eufóricos misterios
el ser que en gélido cristal habita,
y la opaca luz rompe la neblina
en catarsis de viva transparencia.
La imagen que se agita y se proyecta
en una desnudez de oscuros ecos,
tendrá en los laberintos de la mente
esa esencia de fuego cincelado.
La fecunda morada está formada
con fibras que apasionan y atormentan;
habrá una psicodélica artimaña
donde quede esa imagen reflejada.
Razón de indescifrables voluntades
serán susurros de una madrugada;
yacerá en el sepulcro ineluctable
la efigie del deseo que interviene.
Hugo Blair M.
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