¿De qué me sirve mirarte con intención
procurando ser agradable, sencillo y acaso un poco aterrador,
si de cualquier manera me desdeñas,
me desvías y con tu mirada me callas, amor?
¡De qué me sirve el desafinado tacto de mi corazón!
¿De qué te sirve mi balbuceo, mi cuchufleta,
mi desatino y mi timidez,
si contrarrestas con el aroma de tu vestido,
la distancia de tu cabello y el color de tu piel,
la pluralidad oxidada que conforma la existencia de mi ser?
¡De qué te sirve la patética carga
de mis húmedos besos y mi desgraciado querer!
De qué sirve mujer...
¡Así sea!
mantengamos los cuerpos lejanos y las miradas occisas,
yo como el ermitaño, el apestado, el triste y el desamparado,
tú como la distancia, la clase alta y la soledad.