aimara

La hija del sol

Se amordaza el alma ver que las manos elevan oración al cielo y no hay respuestas. Solo piedras; solo piedras acunan la esperanza.
Se adormecieron…no oyen…no ven…ya no hablan. Solo hay fantasmas donde existió vida, sombras inoculares de humanos.
Ausencia es la palabra estoica del presente, golondrinas anacoretas del horizonte, vuelan sueños sin dueños por la negrura, no hay presagio.
Tristes maquinas esclavitud certera, sistemas organizados obesos amorfos ególatras de poder, con humedad y menstruación de tierra, han acrecentado sus bolsillos, mutilando expectativas follando generaciones para subsistir del parto de fronteras.
Laberintos carcelarios donde el clamor tritura desesperanza y solo albergan rencor, odio y más miseria.
¡Denle drogas! ¡Denle armas! ¡Dejen que se maten entre ellos!
La hija del sol, hoy es una adicta marginal que tu poder doblegó.
Una cosa, país sin nombre, no se apagara la voz, el libro de los poetas se lee en bocas indigentes, la miseria tiene letras ofrendadas con estirpe fraguada.

Aimara