Cuán horrible destino conocerte,
Soportar este infierno interminable,
Reproches y reproches que no hacen
Sino hacerme sentir un ser inerme;
Tú buscas con afán, si bien se advierte,
Buscar de alguna forma el provocarme
Y luego, que me enojo, el disculparte
Del daño que sembraste en alma y mente;
Manejas con frialdad todo camino
Y logras lastimar con gran encono
La herida que dejó ese gran filo
De daga que me hirió con sangre y lodo:
Palabra que sembró maldito hechizo
De odio y de rencor, por el que lloro…